Download Free Templates http://bigtheme.net/ Websites Templates

¡Buen día a todos los lectores del Grimorio!

Hemos llegado a la última nota de Pactos, esta vez para ver a qué acuerdo llegaron Fehelgian y Akayra.

La Cordillera de Fuego ha sido desde siempre el hogar de Akayra, quien convirtió las montañas en un mortífero cordón de volcanes, con ríos y lagos de lava ardiente surcando los valles y mesetas de la región. En respuesta a la Conquista de los Vampiros, los seguidores más acérrimos de la demonesa convirtieron a Korrik, anteriormente un santuario de adoración al Fuego Eterno, en la capital de la piromancia y en el principal refugio de la Cordillera. Akayra aprovechó esto para erigir su trono flamígero en la cima de Korrik y así repeler junto a sus fieles a todos los intrusos que se acercaran. Mientras en el Gran Desierto cientos de Silos y ciudades del Caos han sucumbido a la voluntad de Ubanna y sus hordas, la Cordillera de Fuego se mantiene indómita y hostil a todo intruso que ose invadirla.

Akayra, Furia de la Cordillera (Infernal) - Arte por Emmanuel Bou

Llover fuego sobre sus enemigos era algo que Akayra disfrutaba como nada en toda la creación. Contrariamente a muchos otros pirómanos que reían demencialmente al incinerar seres vivos, ella sólo mantenía una sonrisa de placer en su rostro. A veces, se relamía sensualmente ante la sensación que le provocaba. Como ahora, con tantos vampiros siendo reducidas a cenizas a causa de sus llamas, era imposible no sucumbir al éxtasis y la adrenalina que la recorría y la hacía estremecerse. Pocos habían sabido convertir su Shaskra en algo tan delicioso y fantástico como ella.

-¡Ardan, malditos, ardan!- gritó Artorius, uno de los mayores Piromantes de Korrik.

-Oh, Artorius, no lo arruines- lo reprimió la Demonesa -. Haz silencio y deja disfrutar del hermoso sonido del fuego.

-Lo siento, mi Señora, pero tiene que admitir lo fascinante que es quemarlos de a miles- se defendió el hombre.

-¿Dónde está Ragavi?- quiso saber Akayra.

-Por allí- señaló Artorius, apuntando al gigantesco y monstruoso Kirch que cargaba entre las formaciones de los vampiros como si estuviera corriendo por una pradera. Una numerosa jauría lo seguía, conformándose con los restos que la bestia dejaba a su paso.

-Buen chico...- murmuró por lo bajo. 

-Mi señora, nuestros enemigos se retiran- anunció el Piromante -. Haré subir los niveles de la lava para impedirles el escape.

-Excelente idea, encárgate- aprobó la Vashreg, con un poco de decepción en su voz. Aún no había acabado de satisfacer sus ansias. Estúpidos vampiros, ni para eso servían.

Hacía meses que habían llegado a una aburrida situación que se repetía una y otra vez cual monótono baile. Ubanna mandaba sus hordas a tomar la Cordillera, Akayra los rechazaba y ganaba terreno, sólo para perderlo al poco tiempo tras un nuevo avance de las hordas de Insania, las cuales eran rechazadas en Korrik, para que luego la Belleza Ígnea recupere sus tierras, y así sucesivamente. A veces, las fuerzas de Ubanna la sorprendían con nuevas tácticas, pero siempre demostraban se inútiles contra Korrik... y a menudo, tan a menudo que ya era bochornoso, las fuerzas de Insania sucumbían ante la propia inestabilidad de la Cordillera. Nunca podían prever como reaccionarían los volcanes, cuando crecerían los ríos de lava o cuando desbordarían los lagos flamígeros.

Era patético. ¿Cómo era que Narghot, el glorioso general conquistador de Ubanna, no había podido indicar a sus tropas y subordinados en la dirección correcta? Sí, los Vampiros, esclavos y esbirros de Insania habían llegado hasta Korrik repetidas veces, pero llegaban tan desgastados y abatidos que los piromantes los eliminaban en poco tiempo. Akayra quería un desafío, algo con lo que entretenerse mientras se preparaba para avanzar contra Ubanna y purgar la Tierra de su corrosión con fuego purificador.

-Mi señora, un intruso ha cruzado el puente- le dijo Artorius, sacándola de sus pensamientos -. Fui en persecución de los vampiros, pero lo vi justo ingresando a Korrik. Nuestro protocolo indica que debemos recibirlo y aceptarlo entre los nuestros... pero no se trata de un peregrino ni de un aspirante a piromante, sino de... bueno, nuestros protocolos no dicen nada en torno a los Demonios.

-Has hecho bien, Gran Piromante- respondió Akayra con cierta curiosidad. ¿Un Vashur? ¿Allí? ¿Sin intentar ingresar hostilmente o con un ejército a sus espaldas? ¿Sería un mensajero de Ubanna? Cientos de preguntas se arremolinaban en su cabeza mientras se acercaba a la figura que esperaba pacientemente en el extremo final del puente colgante que servía de acceso a Korrik -. Ah, el famoso mercader- exclamó cuando lo reconoció -. No me sorprende que hayas podido llegar hasta aquí, pues tus viajes deben haberte llevado por tierras tan inhóspitas como ésta, ¿correcto?

-No, no te equivocas- dijo Fehelgian, quien al parecer estaba fascinado por el halago.

-Qué será tan importante o tan urgente que ha traído al Demonio Mercante a mis puertas- quiso saber Akayra.

-Una oportunidad de negocios, por supuesto- respondió el Vashur sin dejar de sonreír -. No he podido dejar de notar que hace meses que no puedes salir de Korrik. Debe volverse bastante molesto para un espíritu libre como tú, ¿verdad?

-Es cierto- admitió ella, relajándose al comprobar que Fehelgian no supondría una amenaza. Tal vez, podría jugar un poco con él -. Y dime entonces, ¿qué tienes para darme?- preguntó de manera sugerente con un ronroneo.

-¿Darte? Oh, no, no- negó el Demonio -. Para intercambiar, claro que sí. Nunca le doy nada a nadie gratis.

-Ah, ¿no?- insistió ella, acercándose poco a poco a él hasta que estuvieron a un palmo de distancia.

-No, no dejo que nada se interponga en mis negocios- respondió Fehelgian, haciendo especial hincapié en la palabra "nada".

-Entonces no estoy interesada- contestó Akayra, dando media vuelta y despidiendo al Vashur con un gesto de la mano.

-Pero no has escuchado lo que tengo para ofrecerte- la detuvo el mercante añadiendo un toque de misterio en su voz.

-No, y no voy a escucharlo- interrumpió ella, cambiando su tono sensual por uno agresivo y cargado de determinación -. Vamos, Fehelgian, ¿qué podrías tener para ofrecerme? ¿Un arma poderosísima para derrotar a mis enemigos? ¿Una reliquia antigua para hacerme más fuerte? ¿Un cabello del primer Demonio seguidor del Caos? Y todo eso, ¿para qué? ¿Para detener a Ubanna? No, mercader, Korrik es fuerte y puede resistir a las hordas de Insania por siglos. A menos que el fuego mismo se ponga del lado de la Cronista Demente, ¿realmente crees que ella tiene una chance de vencerme? Déjame darte una pieza de información, totalmente gratis: Ubanna arderá, y yo seré quien la queme, y en ese momento nadie ni nada estará allí para ayudarme.

Fehelgian le sostuvo la mirada por unos segundos, consciente de que Akayra hablaba muy en serio. Hizo una breve reverencia y dio media vuelta para marcharse. En su rostro había una mezcla de decepción con desgrado. A la Belleza Ígnea no le importaba. No había mentido, pues estaba convencida de que, tarde o temprano, escucharía los gritos agónicos de la Cronista Demente al ser incinerada dulcemente por el cálido abrazo de su fuego.

Akayra, Furia de la Cordillera (Terrenal) - Arte por Emmanuel Bou

Duilio Giordano Faillaci